Mi nombre es Antonio, me nacieron en Zamora, y soy de profesión soñador. Mis amigos, que son muchos, dicen que estoy “algo loco”, pero claro un soñador tiene que ser así.
Desde pequeño, mi abuelo y mi padre me inculcaron la famosa “cultura del vino”… hablando en plata, desde bien pequeño estuve entre viñas, mostos, y bodegas, y desde muy joven bebí y aprecié el buen vino.
Este ambiente sin duda influyó tanto en mi vida que hoy soy lo que soy por lo que antes fui y de mí en cierta manera hicieron.
Soy padre de familia, de tan solo cinco hijos, digo tan solo porque para mí son un verdadero galardón.
Me enamoré de Trini, la mujer de mi vida, paseando por los campos de Sanzoles, al olor de los tomillos y al susurro de los trinos de los pájaros…quien me iba a decir a mi que al pasar de los años esa viña vieja que tantas veces vio besarnos, que tantas veces fue callado testigo de afanes, sudores y alegrías, llegaría a ser para mi un legado especial, tan especial que después de mi familia es lo más importante en mi vida.
Si en la vida hay algo esencial, es saber elegir, no siempre lo hice bien, pero sin duda el día que deje todo para dedicarme a recuperar variedades autóctonas en “nuestro pago” fue un gran día.
Han pasado los años, no me he hecho rico, pero mi familia y yo hemos elaborado un vino del cual estoy seguro que mi padre y mi abuelo estarían orgullosos.
Creo en el respeto con letras mayúsculas, difícilmente respetaremos a otros seres humanos si no somos capaces de respetar a la “Madre Naturaleza” tratándola como se merece, no contaminándola, amándola y viviendo en armonía con sus ciclos y su “tempo”… ella no tiene prisas porque va a estar ahí siempre. Permítame pedirle algo, por favor, si tiene oportunidad pruebe nuestro vino, sin duda es especial, tiene la característica de regalar felicidad.